Mientras los programas basados en evidencia generalmente conllevan a mejorar los resultados, requerir que todos los programas incorporen solo las intervenciones que prueben ser efectivas a partir de una revisión empírica como una condición para su financiación podría perjudicar a los hispanos y otras minorías. Estas comunidades son frecuentemente subrepresentadas en estudios de investigación que pretenden buscar evidencias para el éxito de una intervención. Estos son algunos de los hallazgos más importantes de una revisión de literatura completa para el NAHF, llevada a cabo por el Dr. Luis Torres, catedrático asistente de la Facultad de Posgrado de Trabajo Social de la Universidad de Houston, Texas.
Requerir intervenciones basados en evidencia no es una garantía total de que los mejores programas serán siempre implementados, de acuerdo a Torres. Por ejemplo, la aptitud cultural es reconocida como algo crucial en la selección y uso de los programas basados en evidencia, pero las minorías son enormemente subrepresentadas en los mismos estudios que los investigadores usan para afianzar que las intervenciones sean útiles para todos los grupos culturales.
“El término ‘basados en evidencia’ se refiere tanto a las intervenciones en proceso como las ya registradas”, subraya Torres. “Las intervenciones basadas en evidencia son probadas mediante una serie de estudios investigativos y experimentos hechos al azar. Supongamos que estoy probando una intervención que mejora las habilidades para ser un buen padre o madre. Digamos que tengo 100 personas que yo recluté para mi estudio y que tienen casi la misma edad y los mismos antecedentes educacionales y socioeconómicos. Designo al azar a 50 individuos para el grupo de intervención y 50 personas para el grupo de control. Las probabilidades radican en que veré una mejora en ambos grupos, pero estadísticamente encuentro mejores resultados entre el grupo que recibió la intervención. Si este proceso es replicado más de una vez con otros equipos de investigaciones y los resultados son los mismos, se puede decir que la intervención tiene ‘evidencia’
“Ahora, supongamos que tengo este programa que ha sido probado en gran medida entre individuos caucásicos con un hijo por pareja y que pertenecen a la clase media, y que lo traigo a un barrio del centro de la ciudad donde los padres tienen múltiples hijos”, continúa Torres. “Estas familias viven bajo el nivel de pobreza y tienen otras condiciones como baja educación, limitaciones del idioma y problemas de documentación. Lo más probable es que la intervención no funcionará de la misma manera, particularmente porque las minorías con estos mismos problemas no fueron ni siquiera incluidos en la prueba inicial de la investigación”, acotó Torres.
La subrepresentación de las minorías en las pruebas de investigación es un problema rampante. En un análisis realizado por el reporte del Surgeon General, Mental Health: Culture, Race, and Ethnicity, hace casi una década, de los 9.266 participantes involucrados en los estudios de eficacia que amoldaron las mayores instrucciones basadas en evidencia para el tratamiento del desorden bipolar, esquizofrenia, depresión y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), solo 561 (6 por ciento) fueron de raza negra, 99 (1 por ciento) fueron hispanos, 11 (0.1 por ciento) fueron Indios Americanos/Isleños del Pacífico, y ninguno (0 por ciento) fue Nativo Americanos/Nativos de Alaska. Esta subrepresentación de las minorías en las pruebas clínicas aleatorias, o RCTs por sus siglas en inglés, continúa a pesar de la orden de los Institutos Nacionales de Salud de incluir y aumentar la representación de la mujer y las minorías en pruebas clínicas.
“Es importante incrementar la representación de las minorías en cada nivel del proceso de recolección para la evidencia, y especialmente en los RCTs”, dice Torres. “El sello de aprobación para los ‘basados en evidencia’ es el RCT, por lo que definitivamente queremos una representación hispana a la hora de determinar si una intervención verdaderamente funciona”.
A pesar de la creciente importancia demográfica de los hispanos, los cuales son la minoría de más rápido crecimiento en el país, sus problemas de salud, mentales y psicosociales siguen siendo subestudiados y subtratados. Los problemas de salud de alto predominio entre los hispanos incluyen el suicidio y los embarazos en adolescentes, aunado a la violencia doméstica y el uso de drogas, alcohol y tabaquismo.
Torres y otros investigadores recomiendan la adopción de una gama de evidencia, la cual puede incluir cálculos del éxito de la intervención a partir de experiencias personales, de información llevada de boca en boca, y de la comunidad. En vez de enfocarse solamente en la regla de oro de las pruebas clínicas aleatorias, Torres dice que la evidencia definida en la comunidad debería ser parte del proceso para determinar si un programa o tratamiento es efectivo.